viernes, 22 de enero de 2016

 
 
Y a pesar de que la moda y la sociedad en general parecen no hacerles caso, los podólogos no se cansan de repetir cómo debe ser un buen zapato. Cerrado de puntera y que ésta pueda albergar los dedos sin comprimir; si es amplia tiene que tener sujeción a nivel del empeine. Debe tener una suela gruesa y a ser posible de goma porque absorbe mucho más los impactos y la forma de caminar es mucho más fisiológica.

El calzado puede tener un tacón de entre 2,5 y 4 centímetros porque facilita el despegue del pie y es importante que el calzado respete la forma del pie que es más bien rectangular. Por ello hay que desechar aquellos zapatos que tiene la punta muy estrecha porque favorece que los dedos vayan encogidos, provocan callosidades y puede derivar en juanetes.

En caso de llevar el pie elevado, cuánta más base tenga, mejor. En este sentido son más recomendables las plataformas que los tacones, explican. Y a pesar de sus recomendaciones, puntualizan que no están en contra de los zapatos de tacón, pero recalcan que hay que usarlos con moderación: Son para llevarlos un ratito.

Problemas de equilibrio y estabilidad. También el equilibrio se ve afectado por el uso de tacones ya que la musculatura de las partes laterales del pie y de la pierna tiene que estar trabajando de forma constante para poder equilibrarse. El bamboleo que provoca caminar con tacones, tan admirado por los estilistas, repercute en las rodillas, en las caderas y en la espalda porque la base de apoyo del esqueleto son los pies.



















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